Aunque son las personas que, junto a los padres, educan a nuestro hijos e hijas, en ocasiones no damos el suficiente mérito a los maestros. La gran mayoría son profesionales que dedican un gran esfuerzo a enseñar todo tipo de materias a los jóvenes pero, al mismo tiempo, educan en valores y comportamiento social. Por supuesto, hay maestros mejores que otros, más implicados o menos, pero en general un buen maestro puede cambiar para bien la vida futura de sus alumnos.

Y es que no sólo nos referimos a un maestro que sepa explicar bien la lección, sino a uno que comprenda las inquietudes y personalidad de cada uno de sus estudiantes para tener una atención individualizada. Y es que no todos los peques son iguales, no todos aprenden al mismo tiempo y no todos tienen la misma personalidad. Comprender a los niños y niñas y guiarlos bien es lo más importante para un maestro o una maestra.

Recientemente se ha viralizado en las redes sociales niponas un mensaje en el que un hombre comparte la mayor lección que le enseñó un profesor. Un profesor que, al parecer, no era demasiado popular entre los alumno pero que, sin embargo, marcó a nuestro protagonista.

 

"Nunca he sido especialmente bueno escribiendo redacciones de opinión personal. Pero una vez en la escuela secundaria, cuando no hice la tarea de redactar una opinión personal, el profesor finalmente me llamó y me preguntó: ¿Por qué no escribiste nada? Respondí: Odio tomar mis sentimientos internos y externalizarlos, porque ya no siento que sean mis pensamientos. El profesor entonces dijo: Entonces escribe lo que me acabas de decir. Lo hice y obtuve una buena nota. Por alguna razón, nunca más he estado nervioso por la redacción de ensayos desde que escuché ese consejo.

Ese profesor era bastante impopular, pero ahora que lo pienso, podría haber sido el único maestro que influyó en mí de todos los que he conocido. Este profesor me dijo que mis palabras tienen impacto. No recuerdo nada de la clase de física, pero sí recuerdo esto. Ahora estoy muy agradecido por esas palabras.

Pensando en el pasado, recuerdo que me sentí incómodo al tener que pensar frases atractivas para los profesores. A veces no lograba expresarme elocuentemente, pero estaba condenado al fracaso si no escribía desde mis opiniones honestas. Aún así, gracias a ese incidente con el profesor, aprendí a escribir ensayos cortos y luego progresé hasta escribir informes completos en la universidad. Para bien o para mal, ese maestro tuvo una gran influencia en mi vida."

En lugar de poner mala nota al alumno o echarle un bronca por no hacer la tarea como se había estipulado, este profesor comprendió que su alumno era diferente, pensaba de forma diferente, y simplemente le dejo ser como era. Por supuesto, con el tiempo el alumno pudo escribir cualquier tipo de redacción sin obligarlo, sabiendo que sus palabras y opiniones eran importante o tenían valor.