No hay nada malo en decir que has disfrutado con un videojuego, su jugabilidad e historia por ejemplo, pero que sin embargo no has congeniado para nada con los protagonistas. En los últimos años los estudios se esfuerzan por crear tramas de carácter cercano, cotidianas, pero también un trasfondo para sus protagonistas que los haga totalmente creíbles. Antaño dependíamos más del género de los RPG isométricos para este concepto, pero gracias a la tecnología actual la línea entre realidad y ficción en términos visuales es cada vez más fina.

No obstante y a pesar de todas estas novedades tecnológicas, no todos conseguimos empatizar con los protagonistas, al contrario que sí haríamos en una película. Tal y como definió Masahiro Mori allá por 1970, la teoría del valle inquietante explicaría muchas cosas en este sentido. Este japonés experto en robótica aseguraba que conforme mayor fuera el parecido de un robot a una persona, más cercanía sentiríamos hacía él. Algo lógico a priori, pero que llevado al exceso nos causaría el efecto contrario, un total rechazo.

Si bien es un campo que hemos visto evolucionar perfectamente en el cine de animación, en concreto con Pixar, desde sus primeros cortos que causaban esta sensación de rechazo al afecto más cercano con cintas como Coco. En el caso de los videojuegos no ha sido hasta los tiempos más actuales cuando la tecnología ha permitido a los estudios ofrecer sensaciones realmente poderosas a los usuarios, aunque con matices.

Rise of the Tomb Raider | Square Enix

Cuando se apuesta por el realismo excesivo, tal es el caso de por ejemplo LA Noire, éste nos saca completamente de la sensación que quiera transmitir la escena. Gestor exagerados y que en algunos casos llegan a ser hasta tétricos. Por el contrario, los títulos de David Cage como Detroit Become Human o Heavy Rain, aunque van ligados a ese fotorrealismo que se busca en los títulos con una gran carga narrativa, son capaces de transmitir mucho más. Mismo caso para Uncharted o The Last of Us de Naughty Dog.

¿Qué tienen en común estos títulos, entre otros? Sus personajes cuentan con un gran realismo. Desde el tono de piel, la iluminación, expresiones y puede que algunos movimientos, pero no estamos hablando de modelos 100% a imagen y semejanza de una persona. El jugador reconoce que son personajes virtuales, siendo el propio usuario quien completa esos rasgos ‘humanos’ en su cabeza. Es, a partir de este momento, cuando comenzamos a empatizar con ellos.