ANÁLISIS

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Donkey Kong Country Returns

El clásico de Super Nintendo vuelve en una versión que recupera absolutamente todo lo que le hizo grande hace ya dos décadas.

Muchos son los títulos que han sido rescatados del olvido para ofrecer un nuevo punto de vista en nuestros días de lo que funcionaba hace años. Nintendo es una absoluta experta en ello, reinventándose con cada nueva edición de Mario, Zelda y demás franquicias recurrentes de la casa.

Donkey Kong Country Returns recupera toda la frescura y diversión del clásico del 94.

Dentro de esta moda de reescribir clásicos, nos encontramos dos vertientes: los juegos que mantienen argumentos y personajes, pero que se adaptan por completo a los nuevos tiempos y, por otro lado, los que no pierden ni un ápice del sabor original. En el primer apartado destacan juegos como Metroid Prime y en el segundo, en estos momentos la verdadera estrella es Donkey Kong Country Returns.

Curiosamente, ambos juegos, Metroid Prime (la trilogía de Gamecube/Wii) y la nueva edición de Donkey Kong Country son del mismo estudio: Retro Studios. Todo un acierto en la elección de grupo de desarrolladores que saben perfectamente delimitar las fronteras entre lo que funciona y lo que debe ser cambiado.

Donkey Kong country Returns es un juego de plataformas de toda la vida. Al igual que en el clásico de Rare, nuestra misión es la de saltar, golpear, meterte en barriles cañón y recoger todo tipo de ítems, desde momeadas, a letras, piezas de puzzle o plátanos.

Se concibe el juego cooperativo, el solitario, y podemos aprovecharnos de las ventajas que nos ofrece llevar a Diddy Kong en la espalda si estamos en el modo campaña para un jugador.

Todo, absolutamente todo, está clavado, arrancado del juego del año 94. Los decorados tienen el mismo diseño, los personajes el mismo modelado, hasta la música es exactamente la misma. Lo único que podemos decir que sea algo diferente es que se ha utilizado algo más de definición, alguna capa de renderizado y de texturas adicional… Se le ha puesto una capa de pelo al gorila, pero sigue siendo exactamente el mismo.

¿Y qué hace de un juego del año 94, lanzado hoy en día, una compra interesante? ¿Es realmente un producto para todo el mundo o sólo funciona a través de las retinas de los nostálgicos?

Evidentemente, el juego funciona perfectamente, juegue quien lo juegue. Porque esa es la maravilla de este título. Estamos seguros de que al tomar el proyecto, se les ocurrió en algún momento hacer un entorno tridimensional y abierto. O cambiar los personajes, adaptarlos a otro estilo. O embutir la selva y a sus personajes en otro género, hacer que fuesen más planos, o con mayor nivel de profundidad. Pero es que el juego que lanzó Rare hace 16 años era una obra maestra, y no iba a dejar de serlo. Puedes meter a Samus Aran en otro género, y quedará siempre bien. Ella se adapta, y si no, se hace bola y cabe. Pero Donkey Kong funciona como funciona. Y a menos lo toques, más genial será su juego. Donkey Kong Country es genial porque, hoy en día, mientras todo el mundo busca nuevas formas para contar la misma historia, él no. Simplemente se agarra a sus mejores argumentos, que son estar escrito en el mismo lenguaje que la diversión. El título del 94 y el de 2010 pertenecen a la misma esencia del entretenimiento. Están forjados en el fuego del espíritu de la época más dorada que ha tenido la industria de los videojuegos. Y, mientras que otros grandes sagas de aquellos años, han caído o se han convertido en sombra de lo que fueron aquellos días, Donkey se mantiene en plena forma. Porque se ve tan joven, tan fresco, tan divertido y maravlloso, como lo fue entonces. Muchas gracias, Nintendo, por hacer que hoy nos sintamos, con más de 30 años y como adultos en un mundo en crisis, tan chavales como fuimos cuando conocimos la música de Donkey Kong Country por primera vez.

Víctor Sánchez | Madrid | 17/12/2010

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