En el año 2016, un joven llamado Ryan Hernández, de 21 años, realizó un ataque phishing a un empleado de Nintendo América, logrando de esta forma obtener acceso y robar información confidencial de la empresa (incluida información sobre Nintendo Switch, que aún no había sido presentada, y que se filtró al público). En octubre de 2017, tras una investigación, el FBI se puso en contacto con Hernández y sus padres, y le pidió al joven que dejase de piratear. Según el FBI, en este momento Hernández "confirmó que entendía las consecuencias de cualquier ataque pirata futuro".

Sin embargo, y pese al aviso de las autoridades, Ryan Hernández siguió realizando estas actividades maliciosas desde junio de 2018 hasta junio de 2019, pirateando múltiples servidores de Nintendo y robando información confidencial sobre varios videojuegos populares, consolas y herramientas para desarrolladores. Por si fuera poco, el joven se jactó de sus ataques en redes sociales y filtró información robada.

Hacker | Pixabay

Finalmente, en junio de 2019, los agentes registraron la casa del pirata, en donde se encontraron numerosos dispositivos electrónicos. Se realizó un análisis forense de los mismos, y se pudo encontrar miles de archivos confidenciales de Nintendo. Sin embargo, la cosa no terminaría aquí, ya que también se encontraron cerca de mil vídeos e imágenes de pornografía infantil, almacenados y ordenados en un directorio de carpetas que él denominó "Cosas malas".

Hernández ha sido acusado de posesión de pornografía infantil, y acordó pagar 259.323 dólares a Nintendo como parte de un acuerdo de declaración de culpabilidad. Los fiscales y abogados defensores recomendarán tres años de prisión, aunque la sentencia final depende del juez. De esta forma, podría llegar a cumplir hasta 5 años por fraude y abuso informático, y 20 años por posesión de pornografía infantil.