Videojuegos hay miles. Algunos de ellos de una factura más que notable, pero sólo unos pocos consiguen colocarse como auténticas obras maestras. Clásicos atemporales que no sólo marcan a generaciones sino que se convierten a su vez en un punto de inflexión para la propia industria. En las últimas décadas varios nombres han conseguido llegar a la excelencia, ¿los conoces?

Comencemos por posiblemente el más veterano de la lista, The Legend of Zelda: Ocarina of Time. El RPG de Shigeru Miyamoto para Nintendo 64 es a tenor de muchos el mejor juego de la historia. Aunque ha envejecido sorprendentemente bien, Ocarina of Time supuso para el mercado de los videojuegos la posibilidad de ofrecer un gran mundo abierto, con una historia profunda y una jugabilidad a prueba de bombas. Lo tenía absolutamente todo.

En PlayStation podíamos encontrar juegos de todo tipo. Desde historias épicas como Final Fantasy VII, pasando por joyas del terror como Silent Hill. No obstante a muchos se nos olvida que los videojuegos es diversión, pura y dura, no necesitando de una gran historia y personajes para alcanzar la popularidad. Ese es el caso de Tony Hawk’s Pro Skater 2. Un título que ostenta una puntuación en Metacritic de nada más y nada menos que 98. Su potente banda sonora y hacer de la diversión constante el eje central del videojuego son motivos más que de sobra para, al menos, haberlo jugado una vez en la vida.

GTA 3 | Rockstar

Sería extraño no mencionar a la saga GTA en un listado de los mejores videojuegos de la historia. Lejos de hacerlo con la quinta entrega numerada o San Andreas, nos decantamos por GTA 3. Su 97 Metacritic lo acredita, pero más allá de la puntuación alcanzada hablamos del título que lo cambió todo en la forma de entender los mundos abiertos y con el que empezaría la auténtica fiebre por ofrecer la mayor libertad posible al jugador.

Red Dead Redemption 2 es el título más reciente en protagonizar el hall de la fama en los videojuegos destinado a sólo unos pocos privilegiados. Rockstar eleva el listón de calidad de sobra atribuido a sus sandbox con la obra más ambiciosa hasta la fecha. A medio camino entre el toque arcade de la saga GTA y el simulador, la aventura de Arthur Morgan es uno de esos juegos que marca un antes y un después en la atención por el detalle y la narrativa.