Desde que Pokémon GO llegó al mercado a mediados de 2016, hace ahora casi cuatro años, las anécdotas curiosas relacionadas con este fenómeno no han dejado de sucederse. Desde estampidas en conocidos lugares públicos tras la aparición de un Pokémon importante, hasta situaciones más tenebrosas como atracos a jugadores en directo o la invasión de áreas prohibidas sólo para capturar un Pokémon. El último ejemplo de situación controvertida con Pokémon GO mezcla en un batiburrillo a un pequeño barrio residencial, la policía y un pastel de disculpa.

Esta vez tenemos que viajar hasta Lino Lakes, una pequeña población de Minnesota, al norte de Estados Unidos. En las calles de este lugar Amy Kellems y su hija de 12 años decidieron disfrutar juntas de Pokémon GO como suelen hacerlo, sin embargo, a causa del COVID-19 madre e hija quisieron hacer un pequeño recorrido en el coche y sin salir del vehículo. La madre recorrió algunos puntos habituales para los jugadores de Pokémon GO en su vecindario, conduciendo muy despacio y parando en algunos puntos concretos. Esta actitud activó las alarmas de una de sus vecinas.

Victoria es también residente del barrio, aunque al parecer no conocía a la familia de Amy Kellems (y mucho menos su coche). Al ver un coche que conducía de forma extraña y parando cada pocos metros, como si estuviera vigilando alguna casa en el barrio, decidió alertar a la policía. Por supuesto los agentes se personaron en el barrio e interrogaron a Kellems, quien aclaró la situación con los agentes: estaba jugando con su hija a Pokémon GO desde el coche. La mujer quiso explicar su actitud también ante los vecinos, así que acudió a la red social Nextdoor para aclarar la situación, asegurándoles que en ningún caso suponen un peligro.

El final de la historia concluye unos días después. Tras esta publicación de Amy Kellems en las redes sociales, pocas horas después recibe un pastel de Pokémon adornado con Pikachu, Charmander, Bulbasaur y Squirtle. Se trataba de un regalo de Victoria, su vecina del vecindario, quien se sentía culpable por haber llamado a la policía. No se puede decir que ninguna haya actuado mal, puesto que ambas cumplían con su papel, sin embargo el pastel incluía una frase de disculpa bastante curiosa: "Lo siento, llamamos a la policía".

Kellems pareció encontrar tan divertida esta disculpa que no dudó en contar la historia y subir una fotografía del pastel a redes sociales.