OPINIÓN
Se acerca el nuevo advenimiento
La industria de los videojuegos se encuentra en su momento más convulso. Todo el mundo quiere quedarse con los pedazos de un negocio que no hace mucho todo el mundo pensaba que era redondo y sin tacha, y que hoy en día se muestra enfermo y con demasiado desánimo para su corta edad.
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La última vez que dos consolas salieron a la venta en el mismo periodo fue hace 12 años. En aquella época, la Xbox original y Nintendo Gamecube conocieron el mundo en el mes de noviembre de 2001 en EE UU. En Europa Xbox se adelantó a la consola de Nintendo sólo por dos meses. Por supuesto, todos sabemos cuál fue el final de la historia. Incluso sabemos cuál fue el principio: que ya estaba en las tiendas desde un año antes PlayStation 2, lo que, sin duda, marcó el principio del fin de ambas.
Hoy la historia es distinta. Nadie da por ganadora a la consola que salió primera, en este caso de Nintendo con su Wii U. Algo que, conociendo la filosofía de la compañía, no se va a traducir nunca en cierre, venta de la compañía o explotación de franquicias en Smartphone, como muchos se empeñan a gritar al cielo. Nintendo sabrá sobrevivir y lo hará, como lo hizo en Gamecube o con Nintendo 64, con magníficos juegos exclusivos, en gran parte, cocinados por ellos mismos. De hecho, ambas épocas han dado lo mejor del catálogo de la compañía, mucho mejor que los mejores momentos de Nintendo DS o Wii, auténticos bombazos de ventas pero que no pasarán a la historia por sus grandes títulos.
Lo duro llega con PlayStation 4 y Xbox One. Consolas de compañías que, en principio, no vivían de esto. Sony se fundó en 1945, tras el final de la II Guerra Mundial. Y desde entonces y hasta que entró de lleno en el mundo de los videojuegos en el año 94 sólo habían formado parte de la industria con los ordenadores MSX en los años 80, que recordemos que montaban diversos fabricantes como Philips, Sony, Casio, Toshiba y hasta 122 fabricantes más. De hecho, curiosamente, también supone el primer acercamiento de Microsoft al mundo de los videojuegos, ya que el entorno de programación MSX Basic fue desarrollado por la compañía de Redmond.
Microsoft, bueno, todos sabemos cuál es su historia: contrato millonario con IBM para la realización del MS-DOS, fomentar el mercado de los IBM-PC y compatibles para abrir un mercado más amplio para sus sistemas operativos y el presente, con Windows en su octava reencarnación (sin contar los de servidores), entrada en telefonía móvil y, por supuesto, con 12 años de experiencia en videojuegos (algunos menos que Sony, pero con un amplio bagaje anterior debido al lanzamiento de algunas joyas como Microsoft Flight Simulator, el primer Crimson Skies o la distribución de algunos juegos de consola para PC, como Metal Gear Solid.
El caso es que, más que nunca, parece que la situación se muestra algo desesperada para ambas compañías. Su apuesta es fuerte, y la lucha que han librado en el E3 ha sido tan dura, que da a entender que no hay tiempo para más vacilaciones.
Por un lado parece que Sony no puede permitir que el crecimiento de su parque de consolas no haya seguido la progresión exponencial. Playstation 3 no ha vendido X más de lo que vendió Playstation 2. Y eso duele.
Microsoft, por su parte, si ha conseguido vender más 360 que la Xbox original (era más fácil, claro). Pero va quedando claro que no estamos para bromas y que las bajas ventas de algunos nuevos mercados como el de las tablets (se habla de pérdidas en la venta de Surface) están deseanimando a los inversores de la compañía, hartos de que el gigante Microsoft enrede en campos en los que no tienen el control.
Ni Sony ha ganado ya esta generación, ni Microsoft ha perdido el norte
¿Cómo se traduce esta guerra? Lo primero, con grandes juegos. No, ninguno de los que están anunciados ahora lo son. Vendrán más adelante y nos mostrarán un nivel de espectáculo mayor al conocido. Siempre pasa así. También con infinitas posibilidades con sus consolas. Hoy tenemos posibilidades de compartir vídeos de nuestros juegos, porque los Youtubers parecen mandar en la forma de entender el ocio. Mañana, cuando cambie el tiempo, las consolas se adaptarán. ¿Quién sabe cómo acabará esta generación? Más que probablemente alguna de las consolas acabe adaptando el Oculus Rift, (maravilloso invento que debería estar ya financiado por alguna de las grandes), mientras que otra podría probar suerte con el interesante Illuminroom.
Aunque, sinceramente, lo que está quedando claro es que hay una especie de desorganización incómoda en vistas al usuario: un actor de esta comedia patenta un sistema para controlar la venta de segunda mano. El otro dice por lo bajo que él sí que va a controlar la segunda mano y, más por lo bajo aún, que no afectará al usuario, que sólo será para el canal de distribución. El público, que no oye bien, se entera poco, y se ofende. El primer actor dice que ellos nunca haría eso y el público le abraza. El segundo dice que ellos tampoco, pero que puestros a no hacer eso, tampoco hace muchas cosas que sí estaban bien. Y por el camino el público se cree el protagonista de la comedia, convirtiendo la situación de una película de los Hermanos Marx (en la que el mundo Harpo es Nintendo) (nos ahorramos decidir quién es Groucho para cuando acabe la generación y veamos si ha ganado alguno) a una especie de Reye de Reyes, o cualquier otro realato bíblico en el que las compañías nos tocan con su mano sagrada, tomando sus decisiones por nuestras feclididad o pensando como si fuesen nuestros colegas. Ojo, hablamos de Microsoft y Sony, seguramente se comerían a nuestras madres por un buen resultado en bolsa. Y sin cocinar, ni nada.
Lo cual nos deja una verdadera certeza. Ni Sony ha ganado ya esta generación, por mucho que en su no demasiado rítmica conferencia del E3 diesen un par de golpes de gracia interesantes; ni Microsoft ha perdido el norte (siguen ahí haciendo nombre pese a que desde la Xbox original se les tachó de inexpertos y de meterse donde no les llamaban); ni Nintendo ha cerrado ya sus oficinas de Kyoto (Pikmin 3 ha comenzado la racha de juegos que venden, y vendrán más). Ni ha pasado esto, ni tendría porque pasar nunca. Porque así es el show business. Hoy en la cumbre, mañana en el suelo, pasado en la cumbre.
Y, que sepamos, que mientras discutimos sobre qué consola vende más, Gabe Newell sigue dominando la vida de medio mundo con sus decisiones, ofertas y mercachifles de Steam. Y su público ya le debe pleitesía eterna. De nuevo un Rey de Reyes biblico en el mundo de los videojuegos. Y es que, parece que en el mundo videojuegos estamos muy ansiosos por adorar a alguien.
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