Opinión
El E3 en el que no ganaron las consolas
El mundo se ha vuelto patas arriba: las empresas que sacan consolas son miradas con desconfianza y ven como sus acciones bajan de valor. ¿Qué ha pasado para que lleguemos a esta situación?
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Cuando estás en el E3 todo se vuelve borroso. Tienes que ver presentaciones de juegos a puerta cerrada mientras escuchas, siempre presente, otros diez o quince videojuegos, a todo volumen, en las distancias. Has creado una agenda alocada desde Madrid en la que te toca ver tantos juegos como tiempo tienes. Y eso sin valorar las distancias que uno debe recorrer para llegar de uno a otro stand. El E3 es una locura, que comienza con más conferencias de las que soporta el cerebro humano y acaba con más juegos de los que, en ese momento, puedes prestar atención. Tenemos todos nuestros instintos a flor de piel y nos dedicamos a grabar en nuestros cerebros todo lo que vemos. Y, lo que no, va en cientos de notas a mano o máquina que, días después, hay que descifrar.
Ahora, por mucho que tengas las tecnologías presentes, es realmente imposible valorar la feria desde una perspectiva objetiva cuando estás allí. En Los Angeles sabes que Bioshock Infinite va a ser uno de los mejores juegos de la década. Sabes que Mass Effect 3 va a hacerte llorar. Sabes hasta que punto Modern Warfare 3 y Battlefield 3 van a ser unas monañas rusas. Pero no sabes qué ha pasado realmente.
Lo de este E3 ha sido algo inesperado. Regresar a casa y valorar los daños ha sido algo estremecedor.
Históricamente, uno viene a constatar que cuando una empresa muestra una consola, gana el E3. Sin embargo, en esta feria, hemos tenido dos consolas, no una. Cuando esto mismo pasó con Xbox 360 y Playstation 3, los medios de comunicación apostaron por Sony, pese a que prometió en ese momento un modelo de plataforma para el que faltaba mucho tiempo y Microsoft lo anunciaba para ya.
"Sony ha conseguido pasar la Feria sin que se la castigue demasiado por los problemas sufridos con su PSNetwork"
En esta ocasión, con Playstation Vita y Wii U, la apuesta se ha quedado en tierra de nadie. Sony venía muy dañada a la feria, por una situación crítica que ha creado desconfianza. La entrada de su nueva consola, pese al buen recibimiento que ha tenido por todos los que la hemos probado, no ha conseguido la repercusión mediática que obtuvo 3DS o que, en su momento, consiguió la PSP original. Parece como si el público ya estuviese demasiado acostumbrado a dispositivos táctiles y portátiles con conexión a 3G para que podamos, en todo momento, adquirir aplicaciones. Las funciones de la consola, por otro lado, son demasiadas y en los pasillos de la feria se rumoreaba siempre que era imposible aplicarlas todas a un juego. ¿Controlar a Nathan Drake con una pantalla táctil para que vaya de cornisa a cornisa habiendo botones?
Eso, en definitiva, nos deja con una Sony a la que le ha sucedido lo mejor que le podía pasar después de sus problemas con los ataques informáticos: no ha llamado demasiado la atención. Ni para lo bueno, ni para lo malo. No se le puede acusar de no haber ofrecido juegos buenos (vaya, su catálogo ha sido bastante mejor que el del pasado año), ni que no haya juegos innovadores (pese al “secuelismo” LBPVita es increíble) o que no hayan hecho caso a los fans (Sly Racoon y Team Ico Collection son algunas de las pruebas). Por supuesto, también hubo algún momento sobrada, como cuando Ken Levine decidió desvelar que, en lugar de crear Bioshock Infinite con Move, porque no le interesa ese sistema, iba a hacer un juego de la serie para Vita. Pero, bueno, en general nadie salió herido, al igual que nadie salió demasiado henchido de la conferencia de Sony.
Sin embargo, de la de Nintendo, sí que han salido, primero henchidos, y luego, más tarde, heridos.
La conferencia comenzó bien, con una música espectacular, con un control del espectáculo bastante afinado. Poco después, se consiguió que el catálogo de Nintendo 3DS se solidficase. Se mostraron pequeñas grandes maravillas como Super Mario 3DS o el nuevo Mario Kart. Se confirmó un nuevo Luigi’s Mansión. Y, prácticamente nos olvidamos de que Wii y Nintendo DS existían.
Muchas personas no llegaron a entender el concepto de WiiU por abarcar demasiadas posibilidades
Luego, comenzó la verdadera miga. Presentaron una consola, que más que una consola, era un conjunto de conceptos en busca de la suma innovación. Wii U es de todo, y puede hacer de todo. Y como todo aparato que puede hacer de todo, es prácticamente imposible explicar que hace. No es un tablet, no es un iPad de Nintendo. Es una consola con un mando que puede hacer de todo. Y, el problema, es que no se supo vender. Todo el mundo salió con unas ideas en la cabeza. En la aglomeración que se formó al salir del Nokia Theatre se comentaba: “¿Y a ti qué te ha parecido?” Las respuestas eran todas positivas. Pero no existía el entusiasmo que hubo en el mismo recinto cuando, un año antes, Nintendo nos mostró que el 3D sin gafas era posible.
Y, desde ese mismo momento, comenzó la debacle. Nadie parecía haber entendido lo mismo de la conferencia. Algunos pensaban que la consola era la misma, que el WiiU era el mando. Luego quedaban dudas sobre los títulos presentados, como Darksiders II o Batman: Arkham City, todos de este año, cuando la nueva consola no saldría a la venta hasta el próximo año. Y siguieron los problemas. Comenzó a correr el bulo de que Nintendo había anunciado que el mando nunca se vendería independiente a la consola. Las acciones de Nintendo comenzaron a bajar y los detractores de la empresa (que esto de los videojuegos es como el fútbol en pasión y odio por los colores) se cebaron de lo lindo con el tema, creando un clima más crispado e inseguro.
Mientras, y volviendo un poco atrás en el tiempo, Microsoft, la todavía no mencionada en este texto, seguía mostrando con tranquilidad las novedades de Kinect, la integración por voz, la adaptación al nuevo formato de los títulos más hardcore y un gran número de juegos, como Gears of War 3 o Forza 4 demostrando que allí ya habían inventado la rueda y que no necesitaban más grandes anuncios para ese año.
Hace un año, Nintendo se llevó el gato al agua porque había inventado el 3D sin gafas. Hace dos años fue Microsoft, por convertir nuestro cuerpo en un mando. Este año, desde nuestra mas humilde opinión, la ganadora ha vuelto a ser Microsoft, porque no ha presentado nuevas consolas. El usuario medio es fácil de confundir. Y las cosas nuevas consiguen marearlo. Él sólo quiere sus cuatro (quizás dos) juegos nuevos al año, su consola fácilmente pirateable y, de vez en cuando, echarse unas risas con los amigos. Pero no quiere que le expliquen otra vez como se juega. Quiere su consola portátil para el metro, y su otra consola para cuando vengan los colegas a cenar a casa. Estamos entrando en tiempos difíciles, en los que la innovación va a comenzar a resultar muy cara. Porque requiere una inversión demasiado alta y la fría indiferencia que puede llegar a sentir el comprador, puede hacer mucho daño.
Esperamos, rogamos, que cuando llegue el momento, se haya pasado este momento tan feo en el que la gente, sin probar una tecnología, prefiere hundirla antes de darla una oportunidad. Porque, damos por hecho, que a Wii U le queda mucho recorrido para estar lista. Y esperamos seguir ahí para contarlo.
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