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Gods Will Be Watching

Llega por fin uno de los más esperados desarrollos independientes surgidos en España, Gods Will Be atching, consiguiendo removernos por dentro con su dificultad y el peso de sus decisiones morales.

Pocas veces tenemos la suerte de enfrentarnos a retos duros, de esos que ayudan a crear un espíritu de superación. Cada día que pasa, los juegos son más fáciles, un paseo. Por ello, cuando algo llega con el firme propósito de hacérnoslo pasar mal, tenemos que dar gracias y comenzar a sufrir con gran alegría.

Gods will be Watching es uno de esos juegos. Pensado y estructurado para que suframos como animales, para que sudemos la gota gorda, para que nos superemos a nosotros mismos jugando.

El juego nos plantea situaciones complejas en un entorno de ciencia ficción. Un grupo de científicios está abandonado en un planeta helado. Poco después, vemos los sucesos que han llevado a esa situación: un grupo de terroristas toma una base científica y necesita hackear el sistema para descargar un virus. Ese comienzo, ese primer capítulo, marca lo que será el resto del juego: decisiones, actuar, pensar cómo resolver los problemas.

En cada capítulo del juego tenemos que realizar acciones, tomar decisiones, intentar que los miembros del equipo no se dejen llevar por la tensión y, sobre todo, tendremos que cargar con la, en muchas ocasiones, carga moral de nuestras decisiones. Tendremos que dejar caer, traicionar, matar, torturar o intentar ayudar… Las situaciones son límite, son duras, son sobrecogedoras. Y en casi todo momento el tiempo corre en nuestra contra.

Al contrario de otras aventuras gráficas, género al que pertenece Gods will be watching, aquí no hay un camino prefijado. Cada acción desata nuevas opciones y es difícil repetir un éxito total dos veces seguidas. Por lo que la dificultad se vuelve mayor, más asfixiante.

En general, este proyecto español independiente muestra una forma sobresaliente de plantear los nuevos videojuegos. Con una estética arrancada de los 90 y un estilo duro y con un gran componente filosófico, nos hará pasar un mal rato. Pero como decimos, un mal rato grandioso. Porque sufrir es una forma de sentir. Y pocos juegos nos hacen sentir actualmente tanto como éste.

Víctor Sánchez | Madrid | 28/07/2014

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