Análisis

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¿Merece la pena Metal Gear Solid V: Ground Zeroes?

Nos ponemos delante de uno de los retos más complicados de la época en lo que a periodismo videojueguil se refiere: ¿qué nos parece la última idea de Hideo Kojima de realizar un pequeño adelanto de alrededor de hora y media para prepararnos para el estreno de Metal Gear Solid V: The Phantom Pain?

El videojuego da para un poco de sentimiento religioso, entre la devición y el fanatismo. Personalmente, es algo que me sucede con muchas sagas. Soy muy de Mario, muy de Halo, muy de Naughty Dog (sobre todo muy de The Last of Us), muy de Fallout y, sí, soy muy de Metal Gear Solid.
Recuerdo aquella noche en la que sin dormir ni un minuto, a las doce de la mañana terminé la tercera entrega. Recuerdo el saludo militar de Big Boss, negando dar la mano a un superior. Recuerdo su mirada, recuerdo el significado del gesto. Y todo eso me pone la piel de gallina.
Recuerdo con mucha fuerza lo que significaron para mí esos minutos de cinematica, ese final de Sneak Eater y que, pese a que en algunos momentos el juego perdía puntos frente a sus dos magníficos antecesores, decidí que desde ese preciso momento, sería siempre a muerte de Big Boss. Ni Solid, ni Solidus, ni Liquid, ni ningún otro Snake. Sólo de Big Boss, el Snake original.

Esto me llevó a pasar por Portable Ops y por un Peace Walker que no terminé de entender del todo (o me hice mayor, o no consiguió interesarme tanto como otros capítulos anteriores) y, por supuesto, a mirar con lupa Metal Gear Solid IV para buscar a mi héroe. No cuento nada al respecto de lo que encontré, porque sería un spoiler para todos aquellos que no pasaron por el juego de PS3.
Y, hoy, precisamente hoy, tengo la oportunidad de retomar la historia del héroe legendario, de nuevo en una consola de sobremesa. Y no una cualquiera: lo hago en las next gen, en un experimento nuevo a forma de prólogo, a 1080p y con 60 fps.
Y luego, claro está, viene la realidad.

El aspecto más avanzado del juego, que es el de PS4, no consigue que veamos en todo momento una nueva generación en nuestra pantalla

Sí, el juego se ve bien, el Fox engine de Konami funciona bien. Pero no tiene nada que ver con la sensación que tuvimos en el primer avance de Ground Zeroes que nos mostraron hace ya casi año y medio. El aspecto más avanzado del juego, que es el de PS4, no consigue que veamos en todo momento una nueva generación en nuestra pantalla. Da para resolver con nota la situación, pero esa nota no es sobresaliente.
Pero no vamos a preocuparnos por detalles técnicos. Vale que hasta el primer MGS de la PlayStation original era puntero en gráficos. Pero lo que nos importa es la historia, el juego, el Kojimismo ilustrado. ¿Tenemos de eso en Ground Zeroes?
Pues, y me duele decirlo más que a nadie en el mundo, no se lo he encontrado.
El juego, sí, es muy corto. Todos lo sabemos, se ha dicho en todas partes. En cosa de hora y media lo tienes cerrado del todo, lo has finiquitado y no volverás a tocarlo, porque el completismo, el pasear o el hacer todas las misiones secundarias de rescate o destrucción de elementos de la base Omega no nos aporta una experiencia mucho más satisfactoria.

La mecánica, que se vendía como libre y novedosa, termina siendo una ampliación de ideas que ya vimos, sobradamente, en Peace Walker: coger a gente y mandarla volando a nuestra base. Pero, de momento, la idea, de momento, está mejor construída en PSP que en PS4.

Por otro lado, tenemos la historia. Y aquí volvemos a patinar. Nos parece muy loable que Kojima haya decidio darle el mismo peso a Peace Walker que a los 4 anteriores títulos de la saga original. Pero es que aquí, en Ground Zeroes, lo único que importa es lo que pasó en aquel juegos. Apenas hay referencias a los sucesos de Snake Eater. De lo único que se habla, lo que continúa, es la historia de Cypher y Paz. Lo que, aunque insistan en que no se necesita obligatoriamente haber pasado por el juego de PSP, hace que sea un poco incómodo, ya no para los que no lo jugaron, si no también para los que no lo terminaron.

Por lo tanto, tenemos un juego que no entenderemos debidamente si no hemos pasado por un capítulo para consola portátil. Un juego que además cuesta cerca de 25 euros y que nos ofrece a cambio sólo hora y media de emoción y disfrute. Es completamente inevitable sentir un poco de desilusión al respecto. En estos casos, normalmente, uno pasaría a pensar que, bueno, en casos de público fiel, en casos de “fanatismo” el juego podría funcionar. Sin embargo, recordemos lo que he mencionado al comienzo del texto: me considero seguidor religioso de la serie de Metal Gear Solid, con sus pros y sus contras. Y especialmente del personaje protagonista de este juego. Y, aún así, siento cierta desazón con esta pequeña entrega. Si el poco, si lo breve, al menos cuenta con momentos memorables en la historia, como sucede en Left Behind o Panteón Marino, los dos DLCs que han recibido las mismas críticas ultimamente, todo se comprende y perdona. Pero, sinceramente, creo que el prólogo al que asistimos con Ground Zeroes es muy poco relevante en la historia que se está contando. Y, además, que contiene momentos innecesariamente desagradables.

Es muy complicado no sentir desolusión por la corta duración del juego y por su aparente poca relevancia en el argumento de la serie

Por lo tanto, el experimento de Kojima de crear un prólogo con la excusa de realizar un muestreo de sus nuevas mecánicas, de los nuevos elementos, de las nuevas ideas, del potencial del motor y del todo, nos sabe a poco o, más bien, a nada. El resultado es bastante pobre y poco interesante. Ahora bien, una cosa no quita la otra: estaremos los primeros para probar y saborear el próximo año Phantom Pain, para ver, de verdad, esta vez sí que sí, nuestro anhelado MGSV. Esperemos que, esta vez Kojima no nos defraude y que nos devuelva la saga en un momento memorable. Sabremos perdonar hasta entonces al genial creador por haber tenido la pequeña mala idea de vendernos una demo a precio de juego. Al menos cuando lo hizo en su momento con Metal Gear Solid 2, aquella demo regalaba el juego Zone of Ender para que echases un rato mientras esperabas a que la aventura de Rayden y Solid llegase a tus manos. ¿O fue acaso al revés?

Víctor Sánchez | Madrid | 21/02/2014

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