Análisis

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Alice: Madness Returns

Alicia vuelve a convertirse en el personaje más psicópata asesino del mundo de los videojuegos en Alice: Madness Returns.

Muchos cuentos infantiles son susceptibles de ser reinterpretados con una lectura mucho más oscura. Cuentos como Caperucita Roja o La Cenicienta esconden lecturas macabras, llenas de sombras y tinieblas. En el caso de Alicia en el País de las Maravillas, con una base que roza la locura, con un escritor no precisamente demasiado vinculado a la pedagogía infantil y con una serie de personajes secundarios realmente locos y al límite, la relectura es casi obligada.

Dicha relectura ya se hizo para el mundo de los videojuegos hace más de una década con American McGee’s Alice, un juego creado por American McGee, aquel “autor” que se autodenominó como tal de la noche a la mañana, y que tal como llegó al mundo de los videojuegos, acabó por desaparecer del todo.

Aquel juego planteaba la caída en la locura de Alicia, que regresaba al País de las Maravillas después de haber provocado un incendio que había matado a su familia.

Ahora, años después, y sin McGee en el título, nos llega una secuela de aquel juego, que intenta aprovechar mejor la historia, retomando un mundo oscuro, sucio y lleno de sangre y objetos afilados.

Alice: Madness Returns se engloba dentro del género de la acción en tercera persona más pura. Tendremos que usar los poderes de la huerfanita para ir acabando con todos los personajes belicosos que han inundado el antaño colorido mundo.

Para ello podremos saltar muchísimo, utilizar la espada Varpal, que no es otra cosa que un cuchillo cebollero realmente afilado, así como utilizar nuestro siempre eficaz cañón de pimienta asesina.

Para aderezar las posibilidades del personaje, también podrá encoger para llegar a otros lugares de difícil acceso, así como transformarse en mariposas que la ayuden a huir de enemigos o entrar en un modo de ira asesina cuando tenga poca salud.

Alice: Madness Returns nos muestra a una Alicia huérfana e ingresada en un manicomio que tiene que volver a la versión más retorcida del País de las Maravillas

Por supuesto, pese a que encontramos algunas funciones interesantes, como el cambio de tamaño (Alicia puede menguar de base, pero también se hará gigante en algunos momentos), lo que más importa de este juego no es, ni mucho menos, el juego en sí. En este aspecto, Alice: Madness Returns se queda atascado en el mundo de los juegos de patrón, hecho sin demasiados riesgos y con bastante poca imaginación o ganas de replantear la historia presente de los videojuegos. Después de todo, el juego funciona como una secuela continuista y su antecesor era igualmente un juego poco imaginativo.

Sin embargo, en otros aspectos, el juego resuelve la situación con un sobresaliente. Nos referimos, por supuesto, a todas las facetas artísticas. Los decorados, los deformes personajes, las increíbles cinemáticas, la estupendísima banda sonora… Todo, absolutamente todo es realmente sobresaliente. Vemos un juego cuidado, mimado, con unos personajes estilizados y enormes, con una música machacona, pero bella. Todo es cien por cien arte.

Lamentablemente, como decimos, toda esta locura no está realmente compensada. Todo es genial, pero se queda cojito. Por muy interesante que sea el diseño de un videojuego, tiene que ser un videojuego. Y, para serlo, debe ser jugable y divertido. Por supuesto, Alice es divertido. También es jugable. Peor no es tan genial como su envoltorio. Eso hace que quede una especie de sensación agridulce después de haberlo probado. Podía haber sido genial, innovador, rompedor, poético y desgarrador. Pero se queda como un juego del montón, que reluce por su aspecto, pero que no deja de estar en el montón.

Aunque, el hecho de que se incluya la primera entrega en HD al comprarlo… Es un punto más que hace que la compra tenga mucho más sentido.

Víctor Sánchez | Madrid
| 27/06/2011

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